Para contar está historia tengo que mencionar que hace 10 años que vivó fuera de Colombia, que mi exilio ha sido voluntario y que mi nacionalidad sigue siendo colombiana.
Mi intención era viajar a los Estados Unidos,, contaba con un mes de vacaciones y tenia la idea de ir a Nueva York, comencé a arreglar los papeles, pedí la cita en la embajada en Madrid y me dediqué a pensar en Manhattan. Era la primera vez que pedía la visa americana, y a pesar de haber escuchado tantas veces historias de visas denegadas o suspendidas, por mi cabeza no pasaba un no, me había hecho a la idea de conocer la capital del mundo. Se lo había dicho a Tom Campbell, pero él por ser australiano no me entendía muy bien, para ellos una visa es el pasaporte, no le cabía en la cabeza que me tuviera que desplazar hasta Madrid desde Barcelona y además que tuviera que pagar 100 dólares no reembolsables en caso de ser denegado el visado. –Fuck that mate- me dijo Tom una vez hablando del tema.
La noche del 17 de Diciembre la pasé en un hostal del centro de Madrid, llegué sin maleta, con chaqueta y un computador portátil. Me hospedé en una habitación con camarotes, solo estaba ocupado uno, era Yan un Surcoreano que estaba terminando sus vacaciones por Europa. Su ingles era malo. Me acomode rápidamente, escogí una de las camas de abajo y me tire a pensar, desplegué el mapa de Madrid y me centré en la zona de Lavapies, no era mi primera vez en la ciudad y había escuchado de buenos lugares para visitar. Yan comenzó a hablarme, con una sonrisa en su cara contaba sobre sus dos meses por diferentes ciudades de Europa, que la que más le había gustado había sido Roma, pero que Paris tenía lo suyo. Me tocó ayudarme con el pasaporte y la carpeta de la embajada para que entendiera que mi visita en la capital española no era de placer, que se trataba de obtener una visa .
Salimos a la calle a buscar algo de comer, Yan conocía mejor la zona, a la salida cogimos una tarjeta del hostal y nos aventuramos bien abrigados a vivir la noche. La presencia de Yan me hacia pensar en que solo nos veríamos una vez, y que al dia siguiente los dos destinos cogerían sus caminos, y que la vida seguiría su rumbo. Yan siempre sonreía. Los madrileños pasaban a mi lado, por las calles se notaban los rostros de la inmigración, el bullicio del centro. Madrid es un mounstro de ciudad, su vida La Gran Vía, La Plaza del Sol, La puerta de Alcalá, el parque del Retiro.
Al frente de nosotros había un restaurante argentino, el menú valía 10 Euros e incluía la bebida. a Yan le pareció maravilloso el chorizo, el vacío y el postre que nos dieron, se pidió dos copas de vino, una cerveza, un chupito de vodka. Nuestra comunicación comenzó a fluir sin problemas, su ingles había mejorado notablemente, logro entender mis intenciones y hasta me pregunto que por qué yo quería ir a los Estados Unidos. Mi respuesta fue cualquiera, pero si hubiera sido sincero le hubiera contestado que se debía a mi sueño de estar en todas partes del mundo, de ver cómo era que Vivian las personas en el Bronx. Me limité a contarle de un buen amigo que vivía allí, y pues que quería ir a visitarlo. Yo lo miraba con atención, le pregunté por su trabajo, por el tiempo que llevaba viajando.. Yan comentó que Corea del sur era un lugar tranquilo, y que el único problema eran sus vecinos del norte. A Yan no le gustaba el humo de los restaurantes, sin embargo se dirigió a una mesa y pidió un cigarrillo, quería fumar, imitar a un hombre que fuma y habla de asuntos importantes, nos reímos. Me dijo que al comienzo de su viaje por Europa llego a aburrirse, que no le resulto tan fácil romper con la rutina, se trataba de su primera salida después de haberse dedicado a estudiar y a trabajar durante los últimos 12 años.
En corea del sur nosotros estudiamos mucho, el nivel de exigencia es al máximo, decía.
Estaba fascinado con la comida, el vino lo disfrutaba, decía algunas palabras en español.
-Gracias, por qué, corea del sur, mucho gusto.
Siguió soltando frases relacionadas con el amor propio, con la importancia de la exigencia personal y lo mucho que el budismo en una sociedad como la suya podía influir.
-Vengo de una familia pobre, y solamente el estudio a permitido que ahora mi familia este mejor, decía Yan.
Soy Contador, afirmaba.
A Yan le causaba trabajo ser exacto cuando le preguntaba por cuanto era su salario, por cuanto valía una cerveza, o un plato de comida en su país. Las respuestas que me daba, se las tomaba muy en serio. De su chaqueta sacó un bolígrafo y comenzó a rallar una servilleta, se aíslo de la conversación por unos instantes. Después de un tiempo prudente me dijo, mi salario es de 1700 Euros, pago 400 Euros de tasas, le doy a mi padre 600 Euros y el resto lo utilizo para mis gastos personales.
-En mi país la mayoría es cristiana, aunque nosotros somos budistas.
Se trata de relajarse, de meditar , de buscar un nivel, decía.
Yo no perdía mi atención, solamente cuando unas chicas españolas se acercaron a la barra soltó un comentario:
Nice girls, nice girls.
Después miro el reloj y me hizo señas de partir.
Mañana saldría su vuelo temprano, y yo tenia la cita en la embajada.
De vuelta al hostal, Yan comenzó a preguntarme por mi vida, por qué en España, ¿Cómo es Colombia?
Se había leído en alguna oportunidad un libro sobre Latinoamérica, y mencionaba un viaje que tenia previsto a Brasil.
Nombro a Rene Higuita y al futbol latinoamericano.
Nos tomamos un par de fotos y nos adentramos en la habitación.
Lo ultimo que supe de Yan fue a las cinco de la mañana del día 18 de diciembre, salía de la habitación con su maleta y un arrume de bolsas.
Yo lo mire medio dormido y me dijo;
-Son los regalos para mi novia.
-Happy Cristhmas
-Nice to meet you.
Me quedé dormido hasta las ocho, por la ventana se veía un Madrid despierto, hacia sol y frío a la vez, mucha gente en la calle. Me sentí tranquilo y después de tomar un café salí con la carpeta llena de documentos , el pasaporte, las pruebas de arraigo al reino de España, una invitación escrita de un ciudadano americano y un mapa de Madrid que tenia señalado con el nombre de la estación de metro donde debía bajarme para ir a la embajada.
El edificio era un bunker arrogante, con inmensas puertas blindadas, agentes de seguridad españoles haciendo mala cara. Una Señora americana que preguntaba a los de la fila que si tenían todos la documentación completa.
Entre los aspirantes había un colombiano, lo descubrí por que le estaba diciendo a su amigo que cuando acabara lo llamara, que le fuera preparando un buen restaurante para ir a comer después.
-¿Quiere frijoles? Le dije yo para hablar.
-Uy si me respondió.
Nos dijimos los nombres y comenzamos a contarnos nuestros planes. El era un medico de Manizales que trabajaba en Albacete España. Un muchacho de 26 años que había venido a especializarse como cardiólogo. Estaba sacando la visa para reunirse con su familia en California en enero.
Al minuto de estar haciendo la fila apareció una señora bajita con una voz ronca, dándonos la orden de entrar. El ambiente era bueno, se velan caras de todas las nacionalidades, nos sentaron en unas bancas, cada uno con un numero. Al frente en unas ventanillas esperaban los funcionarios para realizar la entrevista.
Cuando llego mi turno, nos saludamos con la funcionaria de manera cordial, observo los formulario y de vez en cuando alzaba la cabeza para echarme un vistazo. Su español era malo. Cambiamos a Ingles y comento un interrogatorio.
¿Conoce a alguien en USA? No, por que las personas que conozco en los Estados Unidos no existen para ellos, tendría que nombrar a mi amigo Juancho que lleva seis años sin poder salir de Nueva York, entonces le dije que tenia una amiga norteamericana y que tenia una invitación de ella.
¿Cuántos años lleva en España? Pregunto después.
-Pues yo llevo en España cinco años.
Si usted lleva aquí en España cinco años por que su pasaporte tiene tantos movimientos. Pregunto la funcionaria.
- me gusta viajar.
En ese momento ya sentía algo raro.
-¿A que se dedica?
-Tengo un trabajo en Barcelona, le dije sin tensión. Soy recepcionista de un hostal y aquí le traigo estos papeles para que los vea, le pasé contratos, cartas, nominas.
¿Es usted propietario de alguna vivienda en suelo español?
Le respondí que no, que alquilaba apartamento.
¿Cómo piensa sostenerse en los Estados Unidos?
Le mostré los papeles del banco.
De vez en cuando nos mirábamos, yo no perdía la calma.
Mmm..... exclamaba la señora.
Entonces le comencé a contar que yo me fui de Colombia con el animo de conocer el mundo, que había estudiado cine y periodismo en España, que había residido legalmente en Inglaterra. Que en Paris me había quedado dos años.
Sabe lo que yo creo, me dijo. Yo creo que usted se quiere ir a vivir a los estados unidos.
Se equivoca señora.
Salí a la calle, observe Madrid, camine durante quince minutos sin pretender llegar a ningún lado.
Me callé, caminé pensando y como achantado me metí en un bar y pedí una cerveza, me trataron bien, me reí con el de la barra, me comí un par de tapas. Cuando Salí del bar me detuve en una caneca, en la entrada del metro arroje los papeles, la carpeta y la experiencia pendeja que me hizo perder una mañana. En barajas, de vuelta a Barcelona, cuando estaba escribiendo estas letras observé en el tablero de llegadas muchos aviones que venían de los estados unidos.
Y yo, acaso no soy bueno para ellos.
Mi intención era viajar a los Estados Unidos,, contaba con un mes de vacaciones y tenia la idea de ir a Nueva York, comencé a arreglar los papeles, pedí la cita en la embajada en Madrid y me dediqué a pensar en Manhattan. Era la primera vez que pedía la visa americana, y a pesar de haber escuchado tantas veces historias de visas denegadas o suspendidas, por mi cabeza no pasaba un no, me había hecho a la idea de conocer la capital del mundo. Se lo había dicho a Tom Campbell, pero él por ser australiano no me entendía muy bien, para ellos una visa es el pasaporte, no le cabía en la cabeza que me tuviera que desplazar hasta Madrid desde Barcelona y además que tuviera que pagar 100 dólares no reembolsables en caso de ser denegado el visado. –Fuck that mate- me dijo Tom una vez hablando del tema.
La noche del 17 de Diciembre la pasé en un hostal del centro de Madrid, llegué sin maleta, con chaqueta y un computador portátil. Me hospedé en una habitación con camarotes, solo estaba ocupado uno, era Yan un Surcoreano que estaba terminando sus vacaciones por Europa. Su ingles era malo. Me acomode rápidamente, escogí una de las camas de abajo y me tire a pensar, desplegué el mapa de Madrid y me centré en la zona de Lavapies, no era mi primera vez en la ciudad y había escuchado de buenos lugares para visitar. Yan comenzó a hablarme, con una sonrisa en su cara contaba sobre sus dos meses por diferentes ciudades de Europa, que la que más le había gustado había sido Roma, pero que Paris tenía lo suyo. Me tocó ayudarme con el pasaporte y la carpeta de la embajada para que entendiera que mi visita en la capital española no era de placer, que se trataba de obtener una visa .
Salimos a la calle a buscar algo de comer, Yan conocía mejor la zona, a la salida cogimos una tarjeta del hostal y nos aventuramos bien abrigados a vivir la noche. La presencia de Yan me hacia pensar en que solo nos veríamos una vez, y que al dia siguiente los dos destinos cogerían sus caminos, y que la vida seguiría su rumbo. Yan siempre sonreía. Los madrileños pasaban a mi lado, por las calles se notaban los rostros de la inmigración, el bullicio del centro. Madrid es un mounstro de ciudad, su vida La Gran Vía, La Plaza del Sol, La puerta de Alcalá, el parque del Retiro.
Al frente de nosotros había un restaurante argentino, el menú valía 10 Euros e incluía la bebida. a Yan le pareció maravilloso el chorizo, el vacío y el postre que nos dieron, se pidió dos copas de vino, una cerveza, un chupito de vodka. Nuestra comunicación comenzó a fluir sin problemas, su ingles había mejorado notablemente, logro entender mis intenciones y hasta me pregunto que por qué yo quería ir a los Estados Unidos. Mi respuesta fue cualquiera, pero si hubiera sido sincero le hubiera contestado que se debía a mi sueño de estar en todas partes del mundo, de ver cómo era que Vivian las personas en el Bronx. Me limité a contarle de un buen amigo que vivía allí, y pues que quería ir a visitarlo. Yo lo miraba con atención, le pregunté por su trabajo, por el tiempo que llevaba viajando.. Yan comentó que Corea del sur era un lugar tranquilo, y que el único problema eran sus vecinos del norte. A Yan no le gustaba el humo de los restaurantes, sin embargo se dirigió a una mesa y pidió un cigarrillo, quería fumar, imitar a un hombre que fuma y habla de asuntos importantes, nos reímos. Me dijo que al comienzo de su viaje por Europa llego a aburrirse, que no le resulto tan fácil romper con la rutina, se trataba de su primera salida después de haberse dedicado a estudiar y a trabajar durante los últimos 12 años.
En corea del sur nosotros estudiamos mucho, el nivel de exigencia es al máximo, decía.
Estaba fascinado con la comida, el vino lo disfrutaba, decía algunas palabras en español.
-Gracias, por qué, corea del sur, mucho gusto.
Siguió soltando frases relacionadas con el amor propio, con la importancia de la exigencia personal y lo mucho que el budismo en una sociedad como la suya podía influir.
-Vengo de una familia pobre, y solamente el estudio a permitido que ahora mi familia este mejor, decía Yan.
Soy Contador, afirmaba.
A Yan le causaba trabajo ser exacto cuando le preguntaba por cuanto era su salario, por cuanto valía una cerveza, o un plato de comida en su país. Las respuestas que me daba, se las tomaba muy en serio. De su chaqueta sacó un bolígrafo y comenzó a rallar una servilleta, se aíslo de la conversación por unos instantes. Después de un tiempo prudente me dijo, mi salario es de 1700 Euros, pago 400 Euros de tasas, le doy a mi padre 600 Euros y el resto lo utilizo para mis gastos personales.
-En mi país la mayoría es cristiana, aunque nosotros somos budistas.
Se trata de relajarse, de meditar , de buscar un nivel, decía.
Yo no perdía mi atención, solamente cuando unas chicas españolas se acercaron a la barra soltó un comentario:
Nice girls, nice girls.
Después miro el reloj y me hizo señas de partir.
Mañana saldría su vuelo temprano, y yo tenia la cita en la embajada.
De vuelta al hostal, Yan comenzó a preguntarme por mi vida, por qué en España, ¿Cómo es Colombia?
Se había leído en alguna oportunidad un libro sobre Latinoamérica, y mencionaba un viaje que tenia previsto a Brasil.
Nombro a Rene Higuita y al futbol latinoamericano.
Nos tomamos un par de fotos y nos adentramos en la habitación.
Lo ultimo que supe de Yan fue a las cinco de la mañana del día 18 de diciembre, salía de la habitación con su maleta y un arrume de bolsas.
Yo lo mire medio dormido y me dijo;
-Son los regalos para mi novia.
-Happy Cristhmas
-Nice to meet you.
Me quedé dormido hasta las ocho, por la ventana se veía un Madrid despierto, hacia sol y frío a la vez, mucha gente en la calle. Me sentí tranquilo y después de tomar un café salí con la carpeta llena de documentos , el pasaporte, las pruebas de arraigo al reino de España, una invitación escrita de un ciudadano americano y un mapa de Madrid que tenia señalado con el nombre de la estación de metro donde debía bajarme para ir a la embajada.
El edificio era un bunker arrogante, con inmensas puertas blindadas, agentes de seguridad españoles haciendo mala cara. Una Señora americana que preguntaba a los de la fila que si tenían todos la documentación completa.
Entre los aspirantes había un colombiano, lo descubrí por que le estaba diciendo a su amigo que cuando acabara lo llamara, que le fuera preparando un buen restaurante para ir a comer después.
-¿Quiere frijoles? Le dije yo para hablar.
-Uy si me respondió.
Nos dijimos los nombres y comenzamos a contarnos nuestros planes. El era un medico de Manizales que trabajaba en Albacete España. Un muchacho de 26 años que había venido a especializarse como cardiólogo. Estaba sacando la visa para reunirse con su familia en California en enero.
Al minuto de estar haciendo la fila apareció una señora bajita con una voz ronca, dándonos la orden de entrar. El ambiente era bueno, se velan caras de todas las nacionalidades, nos sentaron en unas bancas, cada uno con un numero. Al frente en unas ventanillas esperaban los funcionarios para realizar la entrevista.
Cuando llego mi turno, nos saludamos con la funcionaria de manera cordial, observo los formulario y de vez en cuando alzaba la cabeza para echarme un vistazo. Su español era malo. Cambiamos a Ingles y comento un interrogatorio.
¿Conoce a alguien en USA? No, por que las personas que conozco en los Estados Unidos no existen para ellos, tendría que nombrar a mi amigo Juancho que lleva seis años sin poder salir de Nueva York, entonces le dije que tenia una amiga norteamericana y que tenia una invitación de ella.
¿Cuántos años lleva en España? Pregunto después.
-Pues yo llevo en España cinco años.
Si usted lleva aquí en España cinco años por que su pasaporte tiene tantos movimientos. Pregunto la funcionaria.
- me gusta viajar.
En ese momento ya sentía algo raro.
-¿A que se dedica?
-Tengo un trabajo en Barcelona, le dije sin tensión. Soy recepcionista de un hostal y aquí le traigo estos papeles para que los vea, le pasé contratos, cartas, nominas.
¿Es usted propietario de alguna vivienda en suelo español?
Le respondí que no, que alquilaba apartamento.
¿Cómo piensa sostenerse en los Estados Unidos?
Le mostré los papeles del banco.
De vez en cuando nos mirábamos, yo no perdía la calma.
Mmm..... exclamaba la señora.
Entonces le comencé a contar que yo me fui de Colombia con el animo de conocer el mundo, que había estudiado cine y periodismo en España, que había residido legalmente en Inglaterra. Que en Paris me había quedado dos años.
Sabe lo que yo creo, me dijo. Yo creo que usted se quiere ir a vivir a los estados unidos.
Se equivoca señora.
Salí a la calle, observe Madrid, camine durante quince minutos sin pretender llegar a ningún lado.
Me callé, caminé pensando y como achantado me metí en un bar y pedí una cerveza, me trataron bien, me reí con el de la barra, me comí un par de tapas. Cuando Salí del bar me detuve en una caneca, en la entrada del metro arroje los papeles, la carpeta y la experiencia pendeja que me hizo perder una mañana. En barajas, de vuelta a Barcelona, cuando estaba escribiendo estas letras observé en el tablero de llegadas muchos aviones que venían de los estados unidos.
Y yo, acaso no soy bueno para ellos.